martes, 5 de octubre de 2010

Mensaje del 2 de octubre de 2010 en Medjugorje, Bosnia-Herzegovina

Virgen María, Reina de la Paz

 

El siguiente mensaje fue dado por medio de la vidente Mirjana en la Cruz Azul.

"Queridos hijos, hoy los invito a una humilde devoción. Sus corazones necesitan ser justos. Que sus cruces sean sus medios en la lucha contra los pecados de la actualidad. Que su arma sea la paciencia y el amor sin límites - un amor que sabe esperar y que le hará capaz de reconocer los signos de Dios - que su vida, por el amor humilde, puede mostrar la verdad a todos aquellos que la buscan en la oscuridad de la mentira. Mis hijos, mis apóstoles, ayudeme a abrir los caminos hacia mi Hijo. Una vez más los invito a orar por sus pastores. Junto a ellos, voy a triunfar. Gracias."

Mensaje de María Reina de la Paz
del 25 de setiembre de 2010


¡Queridos hijos! Hoy estoy con ustedes y los bendigo a todos con mi bendición maternal de paz, y los exhorto a vivir aún más su vida de fe, porque aún son débiles y no son humildes. Los exhorto, hijitos, a hablar menos y a trabajar más en su conversión personal, para que su testimonio sea fecundo. Y que su vida sea una oración continua. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

Mensaje dado por la Virgen a través de Mirjana el 2 de setiembre de 2010

"Queridos hijos: estoy en medio de vosotros porque deseo ayudaros a superar las pruebas que este tiempo de purificación pone delante de vosotros. Hijos míos, una de ellas es el no perdonar y el no pedir perdón. Cada pecado ofende el amor y os aleja de Él; ¡el amor es Mi Hijo! Por eso, hijos míos, si deseáis caminar conmigo hacia la paz del amor de Dios, debéis aprender a perdonar y pedir perdón. ¡Os lo agradezco! "

Mensaje del 25 de agosto de 2010 

 ¡Queridos hijos! Con gran alegría, también hoy, deseo nuevamente invitarlos: oren, oren, oren. Que este tiempo sea para ustedes tiempo de oración personal. Durante el día busquen un lugar donde, en recogimiento, puedan orar con alegría. Los amo y los bendigo a todos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

Mensaje del 2 de setiembre de 2010

Queridos hijos: estoy en medio de ustedes porque deseo ayudarlos a superar las pruebas que este tiempo de purificación pone delante de ustedes. Hijos míos, una de ellas es el no perdonar y el no pedir perdón. Cada pecado ofende el amor y os aleja de Él; ¡Mi Hijo es el amor! Por eso, hijos míos, si desean caminar conmigo hacia la paz del amor de Dios, deben aprender a perdonar y a pedir perdón. ¡Gracias!

Comentario
"... Mi Hijo existe"

Uno de los primeros mensajes de la Reina de la Paz dado en Medjugorje fue "vengo a decirle al mundo que Dios existe". Hoy lo repite dicho de otro modo: "Mi Hijo existe". Su Hijo es Jesucristo, hombre verdadero y Dios verdadero. Jesucristo existe, está vivo y nos llama a través de su Madre quien para estos tiempos es su enviada.

"Queridos hijos, hoy los invito a que junto a mí empiecen a construir en sus corazones el Reino de los Cielos; a olvidar lo que es personal y, guiados del ejemplo de mi Hijo, a pensar en aquello que es de Dios"

El Reino de los Cielos es el Reino de Dios y en él Dios es todo. Es el estado de la felicidad plena, de la bienaventuranza, de la visión beatífica, de la paz y de todo lo que ni ojo vio ni oído oyó ni mente pudo imaginar. Este Reino, nos dice la Reina de la Paz, es más que posible y debemos esforzarnos ya para conseguirlo.

Cuentan que un hombre muy rico muere y lo reciben en el Cielo. Allí ve grandísimas mansiones. Acostumbrado a vivir así y habiendo hecho una vida no mala en cuanto a conducta cree que le corresponderá una de esas riquísimas mansiones para morada eterna. Pero, no es así. Luego, ve otras menos opulentas pero igualmente apetecibles. Tampoco es alguna de esas. Y así va viendo como descienden las categorías hasta encontrar que a él le corresponde una mínima choza. Asombrado por tal destino pregunta el porqué y le responden: "las mansiones del cielo se construyen con los ladrillos y materiales que vienen de las buenas obras y de las oraciones de la tierra". Para alcanzar el Reino necesario es construirlo desde ahora.

"(Los invito a pensar) qué desea Él de ustedes"

¡Cuántas veces repetimos el Padrenuestro! ¿Somos conscientes de qué pedimos?

"…venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo". Ciertamente la voluntad divina es la única en el Cielo. Pero, ¿hago yo la voluntad de Dios? ¿La hago siempre? ¿La conozco? Muchas veces nos parece tener bellos proyectos y rezamos por ellos, y está bien que así lo hagamos. Pero, ¿esos proyectos son los de Dios sobre nosotros?

Si no rezo, si no tengo una cercanía al Señor a través de la oración y la adoración del corazón no podré saber si esa voluntad es la mía o la suya. Buscar siempre la perfecta voluntad de Dios significa tener la luz del Espíritu para poder discernirla y la luz del Espíritu sólo viene con la oración intensa y profunda. Para llegar a ella hay que rezar porque a orar se aprende orando, y también hay que abrir el corazón porque sino la oración es un mero conjunto de palabras que no despegan del suelo y no pueden tomar altura.

Por el Espíritu recibimos iluminación para conocer las cosas de Dios y su voluntad, y por la fuerza que viene de Él y sus inspiraciones hacer lo que Dios nos pida. Como hizo Jesucristo. En definitiva, seguirlo a Él.

"No le permitan a Satanás abrirles caminos de felicidad terrenal, caminos en los que no está mi Hijo. Hijos míos, esos son falsos y duran poco"

Aquí nos está diciendo indirectamente que Satanás a través de la tentación y en casos graves por medio de pactos, tiene el poder de abrir caminos, de llevar o de inducir a una persona al éxito mundano, a la fama, a lo que se entiende por felicidad en la tierra, pero estos son siempre caminos de perdición. Son falsos y duran, a lo máximo, lo que puede durar una vida. La tragedia es que esos caminos, si no se los abandona en esta vida, desembocan en el mismo Infierno.

"Yo les ofrezco la felicidad eterna y la paz, la unión con mi Hijo, con Dios. Les ofrezco el Reino de Dios"

La Madre de Dios nos ofrece la santidad que es la unión con Cristo. Nos ofrece a Cristo que es no sólo modelo de santidad sino el mismo Reino de Dios. Esa es felicidad que no termina y la plenitud de la vida.

Jesucristo es todo para nosotros. Es la Puerta de acceso al Reino, es el mismo Camino que nos conduce y una vez alcanzado Él mismo se revela como el Reino de los Cielos, puesto que en Él reside toda la plenitud del bien y la santidad. Construir el Reino de los Cielos es configurarse a Cristo, obedecerlo, seguirlo, imitarlo y acudir a Él para que nos realce toda vez que hayamos caído.

Para ir hacia el Señor, que es el Camino y también nuestro destino, y que es la Verdad y la Vida, debemos aligerar nuestro peso despojándonos de nosotros mismos, del hombre viejo. No se puede hacer camino con el peso insoportable del egoísmo, de la soberbia, de la vanidad, del pecado. El pecado tiene su gravedad, su componente de fuerza que tira hacia abajo, hacia la perdición. Porque no se puede caminar así hay que renunciar al pecado, a tomar esos caminos fáciles porque van en bajada y se demuestran trágicos a poco o mucho andar. A eso alude la Santísima Virgen cuando nos exhorta a abandonar lo que es personal.

Por último, una aclaración que también es una profundización sobre términos muy conocidos para nosotros. Se refiere a Reino de los Cielos y Reino de Dios. Son equivalentes y usados por uno o por otro de los evangelistas. El Santo Padre nos recordaba muy recientemente que hoy todos sabemos que "cielo" no es un concepto espacial localizable sino algo difícil de definir por nuestros limitados conceptos humanos. Cielo quiere decir que Dios tiene un puesto para nosotros después de este tránsito terrestre. Un puesto que debe ser alcanzado.

Nosotros fuimos creados por amor. Dios crea sólo y únicamente por amor. El amor estalla, no puede tenerse para sí, el amor se proyecta como las astillas encendidas del fuego de un hogar. Dios grita su alegría creando, creando por amor. Nosotros somos mantenidos en la existencia por el amor de Dios, porque Él nos ama, porque –dice el Santo Padre- nos ha pensado para la vida. En Dios, en su pensamiento, en su amor, existimos ahora y luego de la muerte no como un recuerdo, como una sombra, sino que somos custodiados e introducidos con toda nuestra vida, con todo nuestro ser en la eternidad. Lo que llamamos Cielo es su Amor que vence a la muerte y nos da la eternidad. Nuestra garantía es Jesucristo, hombre y Dios, garantía que puede existir y vivir el hombre eternamente en Dios. Toda nuestra vida la toma Dios y en Él es purificada para recibir la eternidad.

Danos, Padre Bueno y Santo, el poder gozar siempre de la presencia de tu Hijo, porque siguiéndolo a Él, que es nuestro Pastor y Guía, progresemos en el camino de tu amor. Él es Dios y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

P. Justo Antonio Lofeudo

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