martes, 8 de marzo de 2011

Mensaje de un Vidente Anónimo sobre la Terrible Realidad del Infierno "... Cuando eligen este camino falso, sufrirán la condenación y el quemarse en el infierno para siempre. Es muy real..."



La realidad del infierno
 
Cuando se rechaza la VIDA, por la (falsa) vida que ha sido prometida por Satanás! Se les ha mentido. Si siguen este camino en el que Dios y  Yo Jesucristo su Salvador no son parte, entonces están en el camino a la Condenación Eterna.  Gritarán de terror cuando se den cuenta del error. Para entonces sera tarde  para la misericordia, con lágrimas en sus rostros, se tirarán de su pelo. Esto, debido a que tienen libre albedrío, que es un regalo de mi Padre, y que no puede ser quitado de vosotros. Cuando eligen este camino falso, sufrirán la condenación y el quemarse en el infierno para siempre. Es muy realLa mayor condena es finalmente darse cuenta de que hay un Dios. Que yo, tu Salvador Jesucristo Existo RealmenteY no habrá manera, en este Estado, para salvar a sí mismos. 
Su familia pueden verlo desde el otro lado, cuando esto sucede, y entonces te das cuenta de la terrible verdad, pero será demasiado tarde. Recuerden estas Palabras. La mayor condena es cuando sabes que nunca veras el rostro de Dios. Ese será el mayor tormento y que permanecerá con vosotros para siempre en los fuegos del infierno donde el dolor es constante e implacableUstedes, en vez de disfrutar del paraíso prometido, debido a las mentiras de El Impostor, terminarán en los pasillos aterradores del infierno. Esto es muy real y representa el Sufrimiento por la Eternidad
Por favor, a todos los que no creen que me estoy comunicando con la humanidad, les pido que Clamen a Mi Sagrado Corazón. Que Oren a Mi Divina Misericordia a las tres de la tarde de cada díaVoy a responder a sus Oraciones con un Amor que se Siente al Instante. Sostenido desde mis Manos, mis niños, no lo dejen  ir. Les quiero a tal punto, de que he dado mi vida por todos y cada uno de ustedes, para que pudieran salvarse. 
Esta vez he venido a juzgar. Pero, por mucho que Les Ame no puedo interferir con el don del libre albedrío que les fuera otorgado a ustedes, por mi Amado Padre. Espero, que a través de Mis Videntes y Profetas de hoy en día,  por fin pongan ATENCIÓN. La Verdad es el CAMINO que recuerda la Salvación Eterna y un nuevo comienzo en el que RETORNA el Paraíso a la Tierra. 

Las mentiras de Satanás 
Las mentiras, no importan cuán seductoras sean, son sólo eso, Mentiras - están diseñadas para robar a las almas muy queridas, (que una ves condenadas)  no puede ser puestas en libertad por mi Padre, el Creador y el Formador de la Tierra. 

 Jesús Cristo Su Divino Salvador 

Para ir a la versión original en Ingles:

12 comentarios:

  1. TESTIMONIO DE ULTA TUMBA

    Historia real acerca de un ilustre profesor de la niversidad de la Sorbona, condenado en el infierno. El doctor Raymond Diocrés.

    En la vida de San Bruno, fundador de los Cartujos, se encuentra un hecho estudiado muy a fondo por los doctísimos Bolandistas, y que presenta a la crítica más formal todos los caracteres históricos de la autenticidad; un hecho acaecido en París en pleno día, en presencia de muchos millares de testigos, cuyos detalles han sido recogidos por sus contemporáneos, y que ha dado origen a una gran Orden religiosa.

    Acababa de fallecer un célebre doctor de la Universidad de París llamado Raymond Diocrés, dejando universal admiración entre todos sus alumnos. Era el año 1082. Uno de los más sabios doctores de aquel tiempo, conocido en toda Europa por su ciencia, su talento y sus virtudes, llamado Bruno, hallábase entonces en París con cuatro compañeros, y se hizo un deber asistir a las exequias del ilustre difunto.

    Se había depositado el cuerpo en la catedral de Nuestra Señora. El cuerpo estaba expuesto en el centro de la nave central y una inmensa multitud de fieles, alumnos y profesores rodeaba respetuosamente la cama, en la que, según costumbre de aquella época, estaba expuesto el difunto cubierto con un simple velo.

    En el momento en que se leía una de las lecciones del Oficio de difuntos, que empieza así:

    "Respóndeme. ¡Cuán grandes y numerosas son tus iniquidades!" (Cuarta lectura de Maitines del Oficio de difuntos: Job, 13, 22-28). Entonces sale de debajo del fúnebre velo mortuorio una voz sepulcral, y todos los concurrentes oyen estas palabras:

    "Por justo juicio de Dios he sido acusado".

    Acuden precipitadamente, levantan el paño mortuorio: el pobre difunto estaba allí inmóvil, helado, completamente muerto. Continuóse luego la ceremonia por un momento interrumpida, hallándose aterrorizados y llenos de temor todos los concurrentes.

    Se vuelve a empezar el Oficio, se llega a la referida lección: "Respóndeme", y esta vez a la vista de todo el mundo levántase el muerto, y con robusta y acentuada voz dice:

    "Por justo juicio de Dios he sido juzgado".

    Y vuelve a caer. El terror del auditorio llega a su colmo: dos médicos certifican de nuevo la muerte; el cadáver estaba frío, rígido; no se tuvo valor para continuar, y se aplazó el Oficio para el día siguiente.

    Las autoridades eclesiásticas no sabían qué resolver. Unos decían:

    "Es un condenado; es indigno de las oraciones de la Iglesia".

    Decían otros:

    "No, todo esto es sin duda espantoso; pero al fin, ¿no seremos todos acusados primero y después juzgados por justo juicio de Dios?"

    El Obispo fue de este parecer, y al siguiente día, a la misma hora, volvió a empezar la fúnebre ceremonia, hallándose presentes, como en la víspera, Bruno y sus compañeros. Toda la Universidad, todo París había acudido a la iglesia de Nuestra Señora. Vuelve, pues, a empezar el Oficio. A la misma lección: "Respóndeme", el cuerpo del doctor Raymond se levanta de su asiento, y con un acento indescriptible que hiela de espanto a todos los concurrentes, exclama:

    "Por justo juicio de Dios he sido condenado para siempre",

    y volvió a caer inmóvil.

    Esta vez no quedaba duda alguna: el terrible prodigio, justificado hasta la evidencia, no admitía réplica. Por orden del Obispo y del Cabildo, previa sesión, se despojó al cadáver de las insignias de sus dignidades, y fue llevado al muladar del Montfaucon. (Muladar: sitio donde se vacía el estiércol o basura).

    Al salir de la Iglesia, Bruno, que contaría entonces cerca de cuarenta y cinco años de edad, se decidió irrevocablemente a dejar el mundo, y se fue con sus compañeros a buscar en las soledades de la Gran Cartuja, cerca de Grenoble, un retiro donde pudiese asegurar su salvación, y prepararse así despacio para los justos juicios de Dios.

    Verdaderamente, he aquí un condenado que "volvía del infierno" no para salir de él, sino para dar un irrecusable testimonio.

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  2. Las penas del Infierno, por San Antonio María Claret

    La sensación del los tormentos del infierno es esencialmente terrible. Figúrate, alma mía, en una noche obscura sobre la cima de una montaña alta. Debajo hay un valle profundo, y la tierra se abre de manera que con tu mirada puedes ver el infierno en su cavidad.

    Figúratelo como una prisión situada en el centro de la tierra, muchas leguas abajo, toda llena de fuego, encerrado en un recinto de forma tan impenetrable que por toda la eternidad ni siquiera el humo puede escapar. En esta prisión los condenados están tan cerca el uno del otro como ladrillos en un horno. . . Considera la calidad del fuego en que se queman. Primero, el fuego se extiende por todas partes y tortura la totalidad del cuerpo y del alma.

    Una persona condenada yace en el infierno para siempre, en el mismo punto en que fue asignado por la justica divina, sin ser capaz de moverse, como un prisionero en un cepo. El fuego que lo envuelve totalmente, como un pez en el agua, lo quema en derredor, a su izquierda, a su derecha, arriba y abajo. Su cabeza, su pecho, sus hombros, sus brazos, sus manos y sus pies, están totalmente penetrados con fuego, de manera que él todo se asemeja a una pieza de hierro candente y resplandeciente, que acaba de ser retirado del horno.

    El techo del recinto en que moran las personas condenadas es de fuego; la comida que come es fuego; la bebida que toma es fuego; el aire que respira es fuego; todo cuanto ve y toca es fuego.... Pero este fuego no está meramente fuera de él; además traspasa a la personal condenada.

    Penetra su cerebro, sus dientes, su lengua, su garganta, su hígado, sus pulmones, sus intestinos, su vientre, su corazón, sus venas, sus nervios, sus huesos, aún hasta el tuétano, y aún su sangre. «En el infierno», de acuerdo a San Gregorio Magno, «habrá un fuego que no puede apagarse, un gusano que no muere, un hedor insoportable, una obscuridad que puede sentirse, castigo por azotes de manos salvajes, con todos los presentes desesperados de cualesquier cosa buena.»

    Uno de los hechos más terribles es que por el poder divino, este fuego va tan lejos como para actuar sobre las facultades del alma, quemándolas y atormentándolas. Supongamos que yo fuera a encontrarme colocado en el horno de un herrero, de manera que todo mi cuerpo estuviese al aire libre, exepto por un brazo puesto en el fuego, y que Dios fuera a preservar mi vida por mil años en esta posición. ¿No sería esto una tortura inaguantable? ¿Cómo sería entonces el estar completamente penetrado y rodeado de fuego, el cual afecta no sólo un brazo, sino inclusive todas las facultades del alma?

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  3. Continuación...

    Más espantoso de lo que el hombre puede imaginar

    En segundo lugar, este fuego es mucho más espantoso de lo que el hombre puede imaginar. El fuego natural que vemos durante esta vida tiene un gran poder para quemar y atormentar. Sin embargo, éste no es ni siquiera una sombra del fuego del infierno. Existen dos razones por las cuales el fuego del infierno es mucho más terrible, más allá de toda comparación, que el fuego de esta vida. La primera razón lo es la justicia de Dios, de la cual el fuego del infierno es un instrumento dirigido a castigar el mal infinito efectuado contra su suprema majestad, que ha sido despreciada por una criatura. Por lo tanto, la justicia suple este elemento con un poder tan ardiente que casi alcanza lo infinito....

    La segunda razón lo es la malicia del pecado. Como Dios sabe que el fuego de este mundo no es suficiente para castigar el pecado como éste se merece, Él le ha dado al fuego del infierno un poder tan grande que nunca podrá ser comprendido por la inteligencia humana. --- Ahora bien, ¿cuán poderosamente quema este fuego? El fuego quema tan poderosamente, ¡oh alma mía!, que de acuerdo con los grandes maestros de la ascética, si una mera chispa cayera en una piedra de molino, la reduciria en un momento al polvo.

    Si cayera en una bola de bronce, la derritiria instantáneamente como si se tratara de cera. Si cayera sobre un lago congelado, to haría hervir al instante. Hagamos una pausa breve, alma mía, para que contestes algunas preguntas que te haré. Primero, te pregunto: Si un horno especial fuera encendido, como usualmente se hacia para atormentar a los mártires, y entonces algunos hombres colocaran frente a ti todo tipo de bienes que el corazón humano pueda desear, y añadieran la oferta de un reino próspero -- si todo esto te fuera prometido a cambio de que sólo por media hora te introdujeras en el horno ardiente, ¿qué escogerías hacer?

    ¡Ni por cien reinos!

    «¡Ah!» dirías, «Si me ofreciaras cien reinos nunca sería tan tonto como para aceptar unos términos tan brutales, no importa cuántas cosas grandes me ofrecieran, aún si estuviera seguro de que Dios va a preservar mi vida durante esos momentos de sufrimiento.» El segundo lugar, te pregunto: Si ya estuvieran en posesión de un gran reino y estuvieras nadando en un mar de riqueza, de manera que no carecieras de nada, y fueras atacado por un enemigo, hecho prisionero y encadenado, si fueras obligado a escoger entre perder tu reino o pasar media hora dentro de un horno ardiente, ¿qué escogerías? «¡Ah!», dirías, «¡prefiero pasar toda mi vida en la pobreza extrema y someterme a cualesquier otra injuria y desventura, que sufrir tan grande tormento!»

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  4. Continuación...

    Una prisión de fuego eterno

    Ahora, dirige tus pensamientos de lo termporal a lo eterno. Para evadir el tormento de un horno ardiendo, que duraría sólo media hora, tu sacrificarías cualesquier propiedad, aún las cosas que más te satisfacen, y estarías dispuesto a sufrir cualesquier otra pérdida temporal, no importa cuán pesada pudiera ser. Entonces, ¿por qué no piensas de igual modo cuando tratas los tormentos eternos? Dios no te amenaza con media hora de suplicio dentro de un horno ardiendo, sino con una prisión de fuego eterno. Para escapar de ella, ¿no deberías renunciar a todo lo que está prohibido por Él, no importa cuán placentero pueda ser, y abrazar alegremente todo cuanto Él ordena, aún si fuera extremadamente desagradable? Lo más espantoso del infierno es su duración.

    La persona condenada pierde a Dios y lo pierde para toda la eternidad. Ahora bien, ¿qué es la eternidad? ¡Oh alma mía, hasta ahora ningún ángel ha podido comprender lo que es la eternidad! ¿Como entonces podrás tú comprenderla? Aún así, para formarnos alguna idea de ésta, consideremos las siguientes verdades: La eternidad nunca termina. Esta es la verdad que ha hecho temblar aún a los más grandes santos. El juicio final vendrá, el mundo será destruido, la tierra se tragará a todos los condenados, y éstos serán arrojados al infierno. Entonces, con su mano todopoderosa, Dios los encerrará para siempre en tan desdichada prisión.

    Desde entonces, tantos años pasarán como hay hojas en los árboles y las plantas de toda la tierra, tantos miles de años, como hay gotas de agua en todos los mares y ríos de la tierra, tantos años como hay átomos en el aíre, como hay granos de arena en todas las costas de todos los mares. Luego, después de que todos estos incontables años pasen, ¿qué será la eternidad? Todavía no será siquiera una centésima parte de ella, o una milésima -- nada. Entonces comenzará nuevamente y durará tanto como antes, nuevamente, aún después de que se haya repetido esto miles de veces, y mil millones de veces, nuevamente. Y luego después de un período de tiempo tan largo, ni siquiera habrá pasado la mitad, ni siquiera una centésima parte o una milésima parte, ni siquiera una parte de la eternidad. En todo este tiempo no habrá interrupción en la quema de los condenados, comenzando todo nuevamente. ¡Oh qué misterio profundo! ¡Un terror sobre todos los terrores! ¡Oh eternidad! ¿Quién puede comprenderte? Supongamos que, en el caso del desdichado Caín, llorando en el infierno sólo derramera cada mil años una lágrima. Ahora, alma mía, recoge tus pensamientos y considera este caso: Por seis mil años, por lo menos, Caín ha estado en el infierno y ha derramado sólo seis lágrimas, que Dios milagrosamente ha preservado. ¿Cuántos años pasarían para que sus lágrimas cubriesen todos los valles de la tierra y que inundaran todas las ciudades, pueblos y villas y todas las montañas como para poder inundar toda la tierra? Entendemos que la distancia de la tierra al sol es de treinta y cuatro millones de leguas. ¿Cuántos años harían falta para que las lágrimas de Caín llenaran ese espacio inmenso? De la tierra al firmamento suponemos que hay una distancia de ciento sesenta millones de leguas.

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  5. Continuación...

    Las lágrimas de Caín

    ¡Oh Dios! ¿Qué cantidad de años tendríamos que imaginar serían suficientes para llenar con lágrimas este inmenso espacio? Y aún así -- ¡Oh verdad incomprensible! -- estad seguros de ello pues Dios no puede mentir -- llegaría el tiempo en que las lágrimas de Caín serían suficientes para inundar el mundo, para alcanzar aún el sol, para tocar el firmamento, y llenar todo el espacio entre la tierra y el más alto cielo. Pero eso no es todo. Si Dios secara todas estas lágrimas hasta la última gota, y Caín comenzara otra vez a llorar, él volvería otra vez a llenar la totalidad del espacio y las inundaría mil veces y un millón de veces en sucesión, y luego de todos esos años incontables, ni siquiera habría pasado la mitad de la eternidad, ni siquiera una fracción. Después de todo ese tiempo quemándose en el infierno, los sufrimientos de Caín estarían tan sólo comenzando. La eternidad, en este caso, no tiene alivio. Sería de hecho, una pequeña consolación de muy poco beneficio para las personas condenadas si fueran capaces de recibir un breve respiro cada mil años.

    No hay alivio

    Imaginemos un lugar del infierno donde hay tres malvados. El primero está sumergido en un lago de fuego sulfúrico; el segundo está encadenado a una gran roca y está siendo atormentado por dos demonios, uno de los cuales constantemente le arroja plomo derretido por su garganta, mientras el otro se lo derrama encima de todo su cuerpo, cubriéndole desde la cabeza a los pies. El tercer réprobo está siendo torturado por dos serpientes, una de las cuales le envuelve su cuerpo y lo muerde cruelmente, mientras la otra entra a su cuerpo y le ataca el corazón. Supongamos que Dios se apiada de él y le concede un corto respiro. El primer hombre, luego de haber pasado mil años, se le remueve del lago y recibe el alivo de tomar agua fría, y luego de pasar una hora es arrojado nuevamente al lago. El segundo, luego de mil años de tormento, es removido de su lugar y se le permite descansar; pero luego de una hora se le arroja nuevamente al mismo tormento. El tercero, luego de mil años se ve librado de las serpientes; pero al cabo de una hora de alivio, nuevamente es abusado y atormentado por ellas.

    ¡Ah, cuán limitada sería esta consolación -- sufrir por mil años para descansar sólo por una hora! Ahora bien, el infierno ni siquiera tiene este alivio. Uno se quema siempre en esas llamas espantosas y nunca recibe ningún alivio en toda la eternidad. El condenado es mordido y herido con remordimiento, y nunca tendrá un descanso en toda la eternidad. Siempre sufrirá una sed muy ardiente y nunca recibirá el refresco de un poco de agua en toda la eternidad. Siempre se verá a sí mismo aborrecido de Dios y nunca podrá recibir la alegría de una simple mirada de ternura de Dios por toda la eternidad. El condenado se encontrará siempre maldito por el cielo y el infierno, y nunca recibirá un simple gesto de amistad. Es una de las desgracias esenciales del infierno que todo tormento será sin alivio, sin remedio, sin interrupción, sin final, eterno.

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  6. Final...

    La bondad de su misericordia

    Ahora ya comprendo en parte, ¡oh mi Dios!, lo que es el infierno. Es un lugar de tormentos extremos, de desesperanza extrema. Es donde merezco estar por causa de mis pecados, donde ya estaría confinado por varios años si tu inmensa misericordia no me hubiese librado. Repetiré mil veces: El Corazón de Jesús me ha amado, o de lo contrario ¡ahora estaría en el infierno! La misericordia de Jesús ha tenido compasión de mí, porque de lo contrario ¡ahora estaría en el infierno! La Sangre de Jesús me ha reconciliado con el Padre Celestial, o mi morada sería el infierno.

    Este es el himno que quisera contarte a Ti, mi Dios, por toda la eternidad. Sí, de ahora en adelante, mi intención es repetir estas palabras tantas veces como momentos pasen desde esa infortunada hora en que te ofendí por primera vez. ¿Cuál ha sido mi gratitud para Dios por la bondadosa misericordia que me ha mostrado? Él me libró del infierno.

    ¡Oh, inmensa caridad! ¡Oh, infinita bondad! Después de un beneficio tan grande, ¿no debería darle a Él todo mi corazón y amarlo con el amor del más ardiente serafín? ¿No debería dirigir todas mis acciones hacia Él, y en cada cosa buscar solamente complacer la voluntad divina, aceptando todas las contradicciones con alegría, de manera que pueda devolverle mi amor? ¿Podría hacer algo menos que eso después de una bondad tan grande? ¡Oh, ingratitud, merecedora de otro infierno! ¡Te eché a un lado, Dios mío! Reaccioné a tu misericordia cometiendo nuevos pecados y ofensas. Sé que he hecho mal, ¡oh, Dios mío!, y me arrepiento con todo mi corazón. ¡Ah, si pudiera derramar un mar de lágrimas por tan ofensiva ingratitud! Oh Jesús, ten misericordia de mí, pues ahora resuelvo mejor sufrir mil muertes que ofenderte nuevamente.

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  7. EL INFIERNO (POR SAN ANSELMO)

    "Yacen en las tinieblas exteriores. Pues, acordaos, el fuego del infierno no emite ninguna luz. Así como, al mandato de Dios, el fuego del horno Babilónico perdió su calor, pero no perdió su luz, así, al mando de Dios, el fuego del infierno, mientras retiene la intensidad de su calor, arde eternamente en las tinieblas. Es una tempestad de tinieblas que nunca más se acaba, de negras llamas y de negra humareda de azufre ardiendo, por entre de las cuales, los cuerpos están amontonados unos sobre los otros sin una brizna de aire.

    De todas las plagas con que la tierra de los faraones fue flagelada, una plaga sóla, la de la tiniebla, fue llamada como horrible. ¿Cuál es entonces el nombre que debemos dar a las tinieblas del infierno, que han de durar no sólo por tres días, sino por toda la eternidad?

    "El horror de esta estrecha y negra prisión es aumentado por su tremendo hedor activo. Toda la inmundicia del mundo, todos los amasijos de escorias del mundo, los desperdicios y basuras del mundo, nos fue dicho, correrán para allá como para una vasta y humeante cloaca cuando la terrible conflagración del último día haya purgado el mundo.

    El azufre también, que arde allá en tan prodigiosa cantidad, llena todo el infierno con su intolerable hedor, y los cuerpos de los condenados, ellos mismos, exhalan una peste tan pestilente que, como dice San Buenaventura, sólo uno de ellos bastaría para infectar todo el mundo. El propio aire de este mundo, ese elemento puro, se torna fétido e irrespirable cuando queda encerrado largo tiempo.

    Considerad, entonces, cual debe ser la fetidez del aire del infierno. Imaginad un cadáver fétido y prútrido yaciendo descompuesto y podrido en la sepultura, una materia putrefacta de corrupción líquida. Imaginad tal cadáver preso de las llamas, devorado por el fuego del azufre ardiente y emitiendo densos y horrendos humos de nauseante descomposición repugnante.

    Y a continuación imaginad ese hedor malsano multiplicado un millón y más, otro millón de millones sobre millones de carcasas fétidas comprimidas juntas en la tiniebla humeante, una enorme hoguera de podredumbre humana. Imaginad todo eso y tendréis una cierta idea del horror del hedor del infierno.

    "Pero tal hedor no es en absoluto, horrible pensamiento es éste, el mayor tormento físico al cual los condenados están sujetos. El tormento del fuego es el mayor tormento al cual el demonio tiene siempre sujetas a sus criaturas. Colocad vuestro dedo por un momento en la llama de una vela y sentiréis el dolor del fuego. Pero nuestro fuego terreno fue creado por Dios para beneficio del hombre, para mantener en él la centella de la vida y para ayudarlo en las artes útiles, por el contrario, el fuego del infierno es de otra cualidad y fue creado por Dios para torturar y castigar al pecador sin arrepentimiento.

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  8. continuación...

    Nuestro fuego terrestre, por otra parte, se consume más o menos rápidamente, conforme el objeto que ataca fuere más o menos combustible, al punto de que la ingeniosidad humana siempre se ha entregado a inventar preparados químicos para garantizar o frustrar su acción. Pero la sulfurosa brea que arde en el infierno es una sustancia que fue especialmente designada para arder para siempre e ininterrumpidamente con indecible furia. Aparte de éso, nuestro fuego terrestre destruye al mismo tiempo que arde, de manera que cuanto más intenso fuere, más corta será su duración, sin embargo, el fuego del infierno tiene la propiedad de preservar aquello que quema, y, aunque arda con increíble ferocidad, arderá para siempre.

    "Nuestro fuego terrestre, no importa que intensidad o tamaño pueda tener, es siempre de una extensión limitada; pero el lago de fuego del infierno es ilimitado, no tiene playas ni fondo. Está documentado que el propio demonio, al serle hecha la pregunta por un soldado, fue obligado a confesar que si una montaña entera fuese lanzada dentro del océano ardiente del infierno, sería quemada en un instante, como un pedazo de cera. Y ese terrible fuego no aflige a los condenados solamente por fuera, pues cada alma perdida se transforma en un inferno dentro de si misma. El fuego sin límites se enraiza en su misma esencia.

    ¡Oh! ¡Cuán terrible es la suerte de estos desgraciados seres! La sangre hierve y rehierve en las venas, los cerebros quedan hirviendo en los cráneos, el corazón en el pecho llameante y ardiente; los intestinos, una masa roja y caliente de pulpa ardiente; los ojos, cosa tan tierna, llameando como bolas fundidas.

    "Aún así, cuanto os hablé de la fuerza, de la calidad y la infinitud de ese fuego, es como si fuese nada cuando lo comparamos con su intensidad, una intensidad que es justamente tenida como el instrumento escogido por el Designio divino para castigo del alma así como del cuerpo igualmente. Se trata de un fuego que procede directamente de la ira de Dios, trabajando no sólo por su propia actividad, sino como un instrumento de venganza divina. Así como las aguas del bautismo limpian tanto el alma como el cuerpo, así el fuego del castigo tortura el espíritu junto con la carne. Todos los sentidos de la carne son torturados, y todas las facultades del alma otro tanto: los ojos con impenetrables tinieblas; la nariz con fetideces nauseantes; los oídos con gritos, chillidos y blasfemias; el paladar con materia sórdida, corrupción leprosa, jugos sofocantes e innombrables; el tacto con aguijones y chuzos en brasa y crueles lenguas de llamas. Es a través de varios tormentos de los sentidos que el alma inmortal es torturada eternametne, en su esencia misma, en el medio de leguas y leguas de ardientes fuegos prendidos en los abismo por la majestad ofendida de Dios Omnipotente y soplados en una peremne y siempre creciente furia por el soplo de la rabia de la Divinidad.

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  9. Continuación..

    "Considerad finalmente que el tormento de esa prisión infernal está acrecentado por la compañia de los propios condenados. Las malas compañías sobre la tierra son tan nocivas que las plantas, como que por instinto, se apartan de la compañia, sea la que fuere, que les es mortal o funesta. En el infierno, todas las leyes están cambiadas. Allá no hay ningún pensamiento de familia, de patria, de lazos, de relaciones. El condenado maldice y grita uno contra el otro, y su tortura y rabia se intensifica por la presencia de los seres torturados y enfurecidos como él.

    "Todo sentido de humanidad es olvidado. Los lamentos de los pecadores sufrientes llenan los más olvidados rincones del vasto abismo. Las bocas de los condenados están llenas de blasfemias contra Dios, de odio por sus compañeros de suplicio y de maldiciones contra las almas que fueron sus compañeros en el pecado. Era costumbre, en los tiempos antiguos, castigar al parricida, al hombre que habia erguido su mano asesina contra el padre, arrastrándolo a las profundidades del mar en un saco dentro del cual también se colocaban un gallo, un burro y una serpiente.

    La intención de esos legisladores al inventar tal ley, la cual parece cruel en nuestros tiempos, era castigar al criminal con la compania de animales malignos y abominables. ¿Pero que es la fúria de esas bestias estúpidas comparada con la furia de la execración que vomitan los labios abrasados y las gargantas inflamadas de los condenados en el infierno cuando contemplan en sus compañeros de miseria a aquellos mismos que los ayudadran e incitaran al pecado, aquellos cuyas palabras sembraran las primeras simientes del mal en el pensamiento y en la acción de sus espíritus, aquellos cuyas sugerencias insensatas los condujeran al pecado, aquellos cuyos ojos los tentaron y los desviaron del camino de la virtud? Se vuelven contra tales cómplices y los maldicen y odian. No tendrán nunca jamás socorro ni ayuda, ya es demasiado tarde para el arrepentimiento.

    "Por último de todo, considerad el tremendo tormento de aquellas almas condenadas, las que tentaron y las que fueron tentadas, ahora juntas, y aún por encima, en la compañia de los demonios. Esos demonios afligirán a los condenados de dos maneras: con su presencia y con sus amonestaciones. No podemos tener una idea de cuan terribles son esos demonios. Santa Catalina de Siena una vez vio a un demonio y escribió que prefería caminar hasta el fin de su vida por un camino de carbones en brasa que tener que mirar de nuevo un único instante para tan horroroso monstruo.

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  10. Final...

    Tales demonios, que otrora fueron hermosos ángeles, se tornaron tan repelentes y feos como antes eran de lindos. Escarnecen y se ríen de las almas pedidas que arrastraron a la ruína. Es con ellos que se hacen, en el infierno, las voces de la conciencia. ¿Por qué pecaste? ¿Por qué diste oído a las tentaciones de los amigos? ¿Por qué abandonaste tus prácticas piadosas y tus buenas acciones? ¿Por qué no evitaste las ocasiones de pecado? ¿Por qué no dejaste aquel mal compañero? ¿Por qué no desististe de aquel mal hábito, aquel hábito impuro? ¿Por qué no oíste los consejos de tu confesor? ¿Por que incluso después de iniciar la primera, o la segunda, o la tercera, o la cuarta, o la centésima vez, no te arrepentiste de tus malas obras y no volviste a Dios, que esperaba simplemente por tu arrepentimiento para absolverte de tus pecados?

    Ahora el tiempo del arrepentimiento se fue. ¡Tiempo existe, tiempo existió, pero tiempo ya no exisitirá más para ti! Tiempo hubo para pecar a escondidas, para satisfacerte en la pereza y en el orgullo, para ambicionar lo ilícito, para ceder a las instigaciones de tu baja naturaleza, para vivir como las bestias del campo, o aún peor de lo que las bestias del campo, porque ellas, por lo menos, no son sino brutos y no poseen una razón que las guie, tiempo hubo, pero tiempo ya no habrá más. Dios te habló por intermedio de tantas voces... pero no quisiste oír. No quisiste aplastar ese orgullo y ese odio de tu corazón, no quisiste arrepentirte de aquellas acciones mal obradas, no quisiste obedecer los preceptos de la Santa Iglesia ni cumplir tus deberes religiosos, no quisiste abandonar aquellos pésimos compañeros, no quisiste evitar aquellas peligrosas tentaciones.

    Tal es el lenguaje de esos demoníacos atormentadores, palabras de sarcasmo y de reprobación, de odio y de aversión. ¡De aversión, sí! Pues incluso ellos, los mismos demonios, cuando pecaron, pecaron por medio de un pecado que era compatible con tan angélicas naturalezas: fue una rebelión del intelecto, y ellos, estos mismos demonios, tienen que apartarse asqueados y con enojo de tener que contemplar aquellos pecados innombrables con los cuales el hombre degradado ultraja y profana el templo del Espíritu Santo y se ultraja y desprecia a si mismo"

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  11. POR QUE NO EVOLUCIONA LA RAZA HUMANA

    POR TRES PECADOS TERRENALES

    -Una piedra llamada diamante.
    -Un metal llamado oro.
    -Un papel llamado dinero.

    Las palabras Diamante, Oro, y Dinero = Falsedad, Envidia, Codicia, Egoísmo, Fantasía, Hipocresía, Creencias, Poder y Guerras.

    Aquí esta mi conocimiento para vuestra inteligencia

    -Nacemos con el cerebro en blanco
    -Funciona con las primeras sensaciones de la mano

    La inteligencia del ser en su mano está

    Mano= inteligencia divina, automática, autónoma,
    Intuitiva y creativa.

    -Con un cuerpo cuidado a la perfección,
    Automáticamente e intuitivamente, etc.

    -Cada movimiento de mano es pura
    Matemática e inteligencia.

    -Con tu pensamiento puedes coger lo que quieras, cuanto quieras, y el tiempo que quieras, pero acuérdate de cerrarla.
    Eso es inteligencia.

    Cuando no piensas funciona sola.

    -Nacemos con manos inteligentes y un cuerpo perfecto, nosotros lo hacemos deteriorar por falta de conocimientos hacia nosotros mismos.

    -Humanos adora tus manos, son todos tus sentidos, tu pasado, tu presente y tu destino

    Ten presente que:

    El humilde es sabio, y en inteligencia es superior al que no es humilde.
    Crea la dulzura en ti, y alcanzaras maravillas en el universo.

    COMO DESARROLLAR LA MÁXIMA INTELIGENCIA EN EL MÍNIMO TIEMPO

    MOTO SCOOTER CONDUCCION INTELIGENTE

    Necesario:

    -Las tres primeras paradas hacer lo máximo para frenar lo mínimo y suave posible.

    -Ya estas en tu moto, tu eres el profesor y tu eres el alumno.

    -En la sensibilidad de tu mano esta tú inteligencia.

    -Conseguirás tus máximos conocimientos en el mínimo tiempo.

    Hace 40 años la mano del hombre invento el vehiculo de su futuro, la primera scooter.

    Hoy la tenéis en vuestra mano, y lo mejor vuestra inteligencia.

    La Perfección existe, no lo dudéis.

    Que la Paz, el Amor y la Caridad, Reine un vuestro destino.


    ENFERMEDADES MENTALES

    LOS MEDICAMENTOS SUS EFECTOS Y CONSECUENCIAS

    Cada pastilla tomada es una orden al cerebro.

    PENSAMIENTO INCOHERENTE

    Me tomo esta pastilla para no tener mi enfermedad mental.

    Consecuencias:

    Si dejas el medicamento automáticamente te viene tu enfermedad mental.

    Es la orden que tiene tu cerebro.

    PENSAMIENTO INTELIGENTE

    Me tomo esta pastilla porque me ayuda a relajarme y trabaja mejor mi inteligencia.

    Máxima relajación igual a Máxima inteligencia.

    Cuando se le rebaja o elimina el medicamento ese cerebro no vuelve a tener esa. Enfermedad mental.

    El cerebro funciona con las sensaciones de la mano.

    Y la mano con tu pensamiento.

    Atentamente
    Joaquín 53 años

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  12. . COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA

    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente

    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años

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