martes, 5 de septiembre de 2017

Cinco sugerencias para una vida de oración más profunda: Desde el salmista hasta el Papa Francisco, la oración mental, la oración personal, la oración en la intimidad con el Santísimo ha protegido a los cristianos de las tentaciones del mal o los ha elevado por encima de la mera súplica ante una necesidad. Pero, ¿hay manera de enfocarla hacia una mayor eficacia; hacia una mejor disposición del alma para ser escuchada por Dios?

Porque rezar no es solo pedir algo que necesitas

Las interrupciones de la vida moderna, el lento despegarse de las personas de la realidad real para meterse en la realidad virtual, y hacer de ésta más real que la otra, la incapacidad de silencio, soledad y de no exponer los resultados de nuestra actividad en las redes sociales, han hecho que los tiempos de oración de las nuevas –y no tan nuevas—generaciones decaigan a niveles de alarma.
Todos los santos han dotado a la oración de un prestigio inigualable en la relación con Dios.
Desde el salmista hasta el Papa Francisco, la oración mental, la oración personal, la oración en la intimidad con el Santísimo ha protegido a los cristianos de las tentaciones del mal o los ha elevado por encima de la mera súplica ante una necesidad.
Pero, ¿hay manera de enfocarla hacia una mayor eficacia; hacia una mejor disposición del alma para ser escuchada por Dios?
Kevin Theriault (en el portal Angelus, de la arquidiócesis de Los Ángeles), se ha tomado en serio esta serie de preguntas que, sin duda, laten en muchas personas que oran en estos tiempos sobrecargados de redes sociales, y ha dado una guía, una ristra de cinco consejos que, lentamente, habría que ir agregando –dice—a nuestra experiencia de oración.
  1. Entra en el silencio a través de una breve lectura de la Escritura y medita sobre ella, considerando cómo Dios se está revelando a sí mismo a través de la Palabra.
  2. Llega temprano a la Misa ya habiendo leído las lecturas del día. Entra, entonces, en una meditación silenciosa sobre un solo pensamiento de las lecturas. Vacíate a ti mismo para llenarte de Su Palabra y consumirla en la íntima relación de la Eucaristía.
  3. Pasa un tiempo regular con el Señor en adoración ante el Santísimo Sacramento, incluso 5-10 minutos. Construye en ti mismo la rutina para pasar una Hora Santa con Él, pasa una buena parte de este tiempo en el silencio y la intimidad con Jesús Sacramentado.
  4. Trata de no saltar de la hiperactividad y la sobrecarga de los sentidos directamente al silencio. Tómate un tiempo para llegar a ese punto, al silencio. Lee un verso hermoso o un pasaje corto de un santo o de un escritor espiritual. Entre en un diálogo con Dios al respecto, hablando con El. A continuación, entrarás al momento en que sólo están presentes y escuchando tú y Él.
  5. No te desanimes por los pensamientos de distracción. Ellos vendrán. Mejor, está preparado para echarlos hacia fuera con un pensamiento piadoso que pueda borrarlos de tu mente. Sé fiel dejando de lado todo, para que haya silencio contemplativo, antesala de la oración.
Evidentemente, son puntos importantes, sobre todo tomando en cuenta que los nuevos tiempos exigen nuevos métodos de oración, aunque el resultado sea el mismo: la cercanía con Dios.

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